Antes de la mochila… hubo un sueño.

Soy Martino García. Crecí soñando con conocer el mundo y descubrí que viajar no cambia los lugares… cambia la forma en la que nos vemos a nosotros mismos.

Martino García

Hotelero de profesión, viajero de corazón y sobre todo, un soñador que nunca dejó de creer que el mundo era mucho más grande de lo que alcanzaban a mostrar los mapas. Desde que era niño tenía un sueño muy peculiar: quería tener alas.
Soñaba con poder volar y conocer esos lugares que solo veía en la televisión, en las películas, en las revistas o que aparecían mientras dormía. Las alas nunca crecieron… pero la vida me regaló algo todavía mejor. Un boleto de avión.
Todavía recuerdo mi primer vuelo. El sonido de los motores, la emoción del despegue, la incertidumbre de las turbulencias y esa sensación imposible de describir cuando el avión toca tierra después de haber visto el mundo desde el cielo.

Ese día entendí que viajar no era solamente trasladarse de un lugar a otro… era descubrir una nueva forma de ver la vida. Todavía recuerdo mi primer vuelo. El sonido de los motores, la emoción del despegue, la incertidumbre de las turbulencias y esa sensación imposible de describir cuando el avión toca tierra después de haber visto el mundo desde el cielo. Ese día entendí que viajar no era solamente trasladarse de un lugar a otro… era descubrir una nueva forma de ver la vida. Crecí en Xalapa, Veracruz, y hoy vivo en Playa del Carmen, un lugar que me ha permitido acercarme cada vez más a ese niño que soñaba con conocer el mundo.

Después llegó otro momento que cambió mi historia. Mi primer viaje fuera de México. Si Dorothy tenía sus zapatos rojos para descubrir un nuevo mundo, yo tenía unos tenis rojos. Mi destino fue Costa Rica.
Nunca olvidaré la emoción de cruzar por primera vez esas fronteras invisibles que separan un país de otro. Escuchar un acento diferente, probar nuevos sabores, respirar otros aromas y descubrir que, aunque cambiara el lugar, siempre había personas dispuestas a regalar una sonrisa. Fue en 2015. Y desde entonces me hice una promesa.
Viajar cada vez que pudiera.

Cuando aprendí que los sueños también se planean

No siempre podía tomar vacaciones cuando quería. Como muchas personas, tenía un trabajo con pocos días libres y un calendario que casi nunca coincidía con mis ganas de viajar. Así que aprendí que los sueños también se pueden planear.
Cada viaje comenzaba muchos meses antes de hacer la maleta. Empezaba investigando destinos, buscando vuelos, organizando presupuestos, imaginando rutas y aprovechando cada oportunidad para convertir unos cuantos días libres en una experiencia inolvidable.
Con el tiempo entendí que viajar no es cuestión de tener más tiempo, sino de aprender a aprovechar el tiempo que tienes. Con el tiempo llegaron Colombia, Estados Unidos, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Austria, Hungría, Italia… y muchos destinos más.

Pero, con los años, entendí que lo más valioso nunca fueron los países.
Fueron las experiencias que cada uno dejó en mí.
Porque viajar fue transformándome, poco a poco, en cada destino.
Entonces descubrí algo que jamás había imaginado. Había pasado años viendo fotografías en revistas, documentales, películas y videos de aquellos lugares con los que soñaba desde niño. Pensaba que ya los conocía, que ya sabía cómo eran. Pero estaba completamente equivocado. Ninguna imagen puede prepararte para lo que se siente estar ahí.
Nada se compara con el instante en que ves, con tus propios ojos, ese paisaje que durante años solo existió en una fotografía. Con caminar por las mismas calles que tantas veces recorriste desde una pantalla. Con descubrir que un lugar no solo se mira… también se escucha, se respira y se siente.

Todavía puedo cerrar los ojos y recordar el aroma de una calle después de la lluvia, el sabor de un platillo que nunca volví a probar, la sonrisa de personas cuyo idioma ni siquiera hablaba, el silencio de un templo al amanecer, el ruido de una ciudad que parecía no dormir nunca o la emoción de perderme y terminar encontrando algo que jamás habría descubierto siguiendo un mapa. Fue entonces cuando entendí que los viajes no permanecen en la memoria por los monumentos que visitamos. Permanecen por todo aquello que nos hicieron sentir.

Entendí que los sueños también se comparten.

Durante cada viaje siempre había un momento en el que pensaba lo mismo. «Ojalá alguien más pudiera sentir esto.» No hablaba solo de un paisaje espectacular o de una fotografía bonita. Pensaba en esa emoción que se siente cuando el avión despega por primera vez. En el nerviosismo de llegar a un país donde todo es desconocido. En la satisfacción de darte cuenta de que eres mucho más capaz de lo que imaginabas. En esa mezcla de miedo, emoción y curiosidad que solo aparece cuando decides salir de tu zona de confort

Entonces recordaba a aquel Martino de 2015. El que tenía dudas, el que no sabía qué se sentía subir a un avión, el que pensaba que viajar al extranjero era un sueño enorme.
Y entendí que seguramente había miles de personas sintiendo exactamente lo mismo.
Personas que soñaban con viajar, pero no sabían por dónde empezar.
Que tenían miedo de equivocarse al comprar un vuelo, que no sabían cómo organizar un itinerario, que sentían que un viaje internacional era demasiado complicado. Fue entonces cuando nació «Con Una Mochila Viajes.«.

No como una agencia de viajes tradicional, nació como la forma de compartir todo lo que había aprendido en el camino.
Porque con los años descubrí que diseñar un viaje va mucho más allá de reservar un vuelo o un hotel, diseñar un viaje es escuchar a la persona que tienes enfrente, entender qué la emociona, qué ritmo le gusta, qué presupuesto tiene y lo ms importante «Qué experiencias sueña vivir». Porque ningún comercial, ningún influencer y ningún video puede decirte cuál será el viaje perfecto para ti.

Ese viaje solo puede construirse pensando en ti. Por eso me gusta llamarlo Diseño de Viajes. No quiero venderte un paquete, quiero ayudarte a construir una experiencia que algún día también termine guardándose en tu mochila, porque al final, no recordarás cuánto costó el vuelo, recordarás cómo te sentiste cuando viste ese lugar por primera vez.
Y si puedo ayudarte a que ese momento suceda…
Entonces sentiré que todo este camino habrá valido la pena.

-Martino García